viernes, 30 de octubre de 2009

¿Qué (no) significa “ser como niño”?


En Mc 10,13-16 dice: “Trajeron unos niños a Jesús para que los tocara, pero los discípulos los reprendían. Jesús, al verlo, se indignó y les dijo: Dejen que los niños vengan a mí; no lo impidan, porque de los que son como ellos es el reino de Dios. Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Entonces Jesús los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos”.

Para responder la pregunta planteada en el título hay que empezar diciendo que en el contexto cultural judío de la época de Jesús los niños no eran tomados en cuenta socialmente. No se les consideraba como modelo de inocencia (como la hacemos nosotros hoy) sino como modelo de inmadurez, ignorancia y torpeza. Peor aún: no conocían la Ley, necesaria para la salvación. Es muy probable entonces, que los discípulos de Jesús hayan visto en los niños una molestia inútil y absurda para su Maestro, pues no tenían aún las condiciones básicas como para entender y acoger su doctrina, y decidirse a su seguimiento. Por tanto, los discípulos, al espantarlos, actuaron lógicamente. Si hay alguien que rompió la lógica, ése fue Jesús. Situación, en todo caso, no muy lejana a lo que fue nuestra sociedad. Yo recuerdo haber alcanzado a escuchar en mi infancia aquello de que “los niños no hablan en la mesa”.

Jesús les dice a sus discípulos que de los que son “como” niños es el Reino y que hay que recibir este Reino “como” un niño. El punto de comparación es el siguiente: los niños no son autovalentes sino que dependen del cuidado de los demás y reciben las cosas no porque se las hayan ganado haciendo méritos sino gratuitamente y no se hacen mayor problema por esto. Esto significa que en una sociedad y en una religión en que lo central es el mérito y el cumplimiento, sobre todo en lo que se refiere a la salvación, Jesús hace estallar la lógica imperante al ofrecer la salvación como regalo y no como premio o sueldo por los esfuerzos realizados.

A su vez, la actitud que se corresponde con el ofrecimiento del Reino como regalo es la de ¡aceptarlo como regalo! Actitud característica de los niños que son quienes llaman a sus padres “abbá” (= papá) y reciben de ellos los dones con sencillez, espontaneidad, sorpresa, alegría y agradecimiento. No se trata de hacer méritos con grandes ayunos o realizando obras que requieren un gran esfuerzo, sino de abrirse en receptividad confiada e incondicional ante Dios. Ésta es la actitud exigida a los discípulos de Jesús.

Es claro, entonces, que la exhortación a ser “como” niños no significa cualquier cosa que se nos ocurra. No se trata, por ejemplo, de que un adulto se transforme en alguien inmaduro o en alguien que no es capaz de distinguir con claridad entre el bien y el mal. No se trata de fomentar infantilismos ni de un llamado a la ingenuidad. No se trata de un proceso de regresión y de fijación en una etapa infantil. Para decirlo de una manera gráfica: no hay que ir a comprarse ni pañales ni Hipoglós, sino de integrar las actitudes de los niños recién mencionadas en la vida adulta y que son incompatibles con ciertas actitudes adultas que nos disminuyen en humanidad.

Construir el Reino corresponde a la actitud adulta del mérito, del propio esfuerzo, actitud incompatible con la salvación como gracia. Acoger o recibir el Reino como un regalo extraordinario con confianza, sorpresa, alegría y agradecimiento, y dar testimonio del regalo recibido es lo que pide Jesús a sus discípulos de todos los tiempos.

martes, 13 de octubre de 2009

Oración por los Sacerdotes, del Beato Santiago Alberione


Jesús, Sacerdote eterno, guarda a estos siervos en el recinto de tu Corazón, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda inmaculadas sus manos consagradas que a diario tocan tu Sagrado Cuerpo; guarda sin mancha esos corazones sellados con el sublime Sacerdocio; haz tu santo amor los envuelva y separe del contacto del mundo. Bendice sus trabajos con frutos abundantes y sean las almas por ellos dirigidas y administradas, su consuelo y gozo aquí en la tierra y después su hermosa corona en el Cielo.

Retiro Anual del Clerode la Diócesis de Barcelona.
Todos los sacerdotes de la Diócesis D.m. estaremos de retiro anual enla Ciudad de Cantaura, bajo la sombra de nuestra Madre de la Candelaria, reza todos los días por tus sacerdotes y unete a ellos el Sábado 24 de Octubre en Cantaura .

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Matrimonio del mes de Octubre 2009

Durante el mes de Octubre 2009, nuestra comunidad será testigo del sacramento del matrimonio de los siguientes feligreses.

3.10.2009
El Sr. Luis Antonio Zapata Carvajal, C. I. 16.719.648 de 24 años de edad, natural de Bazrcelona e hijos de luis A. Zapata y de V. Carvajal y vecino de Pto. La Cruz desea contraer matrimonio conla Srta. Yuliana Sindas Ghazal C.I. 16.927.680, de 26 años de edad e hija de Constantino Sindas y de Lina Ghazxal vecina de Barcelona.


9.10.2009
El Sr. Vicente Gonzalez Siso, C.I. 11.909.807 de 34 años de edad, natural de Maturin Edo. Monagas e hijo de Jose Vicente González y de Lina Mercedes Siso y vecino de Guanta, desea contraer matrimonio con la Srta. Barbara de los Angeles Williams Mariyewaki, C.I. 13.287.013 de 32 años de edad, natural de PuertoCabello Edo. Carabobo, hija de Andres E. Williams y de Alicia de la Cruz de W. vecina de Pto. Cabello Edo. Carabobo.

10.10.2009
El Sr. Adolfo Jesús Suarez Alvarez, C.I. 13.706.698, de 31 años de edad natural de Churuguare. Edo.Falcón e hijo de Adolfo Suarez y de Lauriana Alvarez y vecino de Lechería desea contraer matrimonio con la Srta. Scarlet Carolina Larez Brito, C.I. 14.173.582 de 30 años de edad e hija de Demostene Larez y de Eudorina Brito y vecina de Lechería.

17.10.2009
El Sr. Edmundo José Romero Garcia, C.I. 13.574.454, de 32 años de edad, natural de Barcelona e hijo de Simon Romero y de Yolanda Soto, vecino de Colinas del Neverí desea contraer matrimonio con la Srta. María Alejandra Gatto Gonzalez, C.I. 15.191.839, de 27 años de edad natural de Puertola Cruz e hija de Antonio Gatto y de Nicolaza González y vecina de Lechería..

17.10.2009
El Sr. Ricardo Jose Calatrava Chacín. C.I. 8.278.064, de 34 años de edad, natural de Baruta, Edo. Miranda e hijo de Luis Alfonso Calatrava y de Omaira de Jesús Chacín y vecino de Barcelona desea contraer matrimonio conla Srta. Katalina Rita Urruzuno Mugarra, C.I. 11.742.625 de 32 años de edad, natural de Caracas hija de Joseba Urruzuno y de Miren Mugarra y vecina de Lechería.

17.10.2009
El Sr. Ulises Antonio Rodriguez Campos, C.I. 15.874.368 de 23 años de edad, natural de San Tomé, hijo de Ulises Antonio Rodriguez y de Rosa María Campos y vecino de Lechería desea contraer matrimonio con la Srta. María Fernanda de la Candelaria Navarro Castillo, C.I. 16.064.462, de 22 años de edad, natural de Cantaura e hija de Simón Miguel Navarro y de Marlene del C. Castiilo y nvecina de Lechería.

24.10.2009
El Sr.Juan Ramón Malavé Barreto, C.I. 17.732.621, de 24 años de edad, natural de Puerto la Cruz e hijo de Juan Ramón Malavé y de Surirma Barreto y vecino de Barcelona desea contraer matrimonio conla Srta. Lisbeth de Jesús Machado Salazar, C.I. 17.236.466, de 24 años de edad, natural de Barcelona e hija de Jesús Beltrán Machado y de Teresa Margot Salazar y vecina de Barcelona.

24.10.2009
El Sr. Carlos Abraham Boada Malavé, C.I. 12.533.932, de 26 años de edad, natural de Higuerote, Edo. Miranda e hijo de Carlos Abraham Boada y de Hilda Rosa Malavé y vecino de Higuerote desea contraer matrimonio con la Srta. Eleana del Valle Urbaneja Uva, C.I. 16.927.118 de 25 años de edad, natural de Barcelona e hija de Luis Urbaneja y de Amelia Uva y vecina de Barcelona.

31.10.2009
El Sr. Uban José Chavez Medina, C.I. 8.289.885 de 34 años de edad, natural de Caracas e hijo de Jose Ramón Chavez y de Alejandra Medina y vecino de Barcelona, desea contraer matrimonio con la Srta. Marianella Rodriguez Triana, C.I. 15.873.278, de 27 años de edad, natural de Valencia Edo. Carabobo e hija de Manuel Rodriguez y de María de Jesús Triana y vecina de Barcelona.

31.10.2009
El Sr. Fernando José Moreno Guisseppi, C.I. 14.764.551 de 27 años de edad, natural de Caracas e hijo de Fernando José Moreno y de Rosa del Valle Guisseppi y vecino de Puerto la Cruz desea contraer matrimonio con la Srta. María Gabriela Alfonzo Saldivia, C.I. 15.035.164 de 28 años de edad, natural de Caracas e hija de Leobaldo José Alfonzo y de de Maria de Jesús Saldivia y vecina de Puerto la Cruz.

viernes, 9 de octubre de 2009

Conociendo a Jesucristo 8.10.2009


¿Qué fue la estrella de Oriente?


01 de abril de 2006
Vicente Balaguer
La estrella de Oriente se menciona en el evangelio de San Mateo. Unos magos preguntan en Jerusalén: “Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle” (Mt 2,2).

Los dos capítulos iniciales de los evangelios de San Mateo y San Lucas narran algunas escenas de la infancia de Jesús, por lo que se suelen denominar “evangelios de la infancia”. La estrella aparece en el “evangelio de la infancia” San Mateo. Los evangelios de la infancia tienen un carácter ligeramente distinto al resto del evangelio. Por eso están llenos de evocaciones a textos del Antiguo Testamento que hacen los gestos enormemente significativos. En este sentido, su historicidad no se puede examinar de la misma manera que la del resto de los episodios evangélicos. Dentro de los evangelios de la infancia, hay diferencias: el de San Lucas es el primer capítulo del evangelio, pero en San Mateo es como un resumen de los contenidos del texto entero. El pasaje de los Magos (Mt 2,1-12) muestra que unos gentiles, que no pertenecen al pueblo de Israel: descubren la revelación de Dios a través de su estudio y sus conocimientos humanos (las estrellas), pero no llegan a la plenitud de la verdad más que a través de las Escrituras de Israel.

En tiempos de la composición del evangelio era relativamente normal la creencia de que el nacimiento de alguien importante o algún acontecimiento relevante se anunciaba con un prodigio en el firmamento. De esa creencia participaban el mundo pagano (cfr Suetonio, Vida de los Césares, Augusto, 94; Cicerón, De Divinatione 1,23,47; etc.) y el judío (Flavio Josefo, La Guerra de los Judíos, 5,3,310-312; 6,3,289). Además, el libro de los Números (caps. 22-24) recogía un oráculo en el que se decía: “De Jacob viene una estrella, en Israel se ha levantado un cetro” (Nm 24,17). Este pasaje se interpretaba como un oráculo de salvación, sobre el Mesías. En estas condiciones, ofrecen el contexto adecuado para entender el signo de la estrella.

La exégesis moderna se ha preguntado qué fenómeno natural pudo ocurrir en el firmamento que fuera interpretado por los hombres de aquel tiempo como extraordinario. Las hipótesis que se han dado son sobre todo tres: 1) ya Kepler (s. XVII) habló de una estrella nueva, una supernova: se trata de una estrella muy distante en la que tiene lugar una explosión de modo que, durante unas semanas, tiene más luz y es perceptible desde la tierra; 2) un cometa, pues los cometas siguen un recorrido regular, pero elíptico, alrededor del sol: en la parte más distante de su órbita no son perceptibles desde la tierra, pero si están cercanos pueden verse durante un tiempo. También esta descripción coincide con lo que se señala en el relato de Mateo, pero la aparición de los cometas conocidos que se ven desde la tierra no encaja en las fechas con la estrella; 3) Una conjunción planetaria de Júpiter y Saturno. También Kepler llamó la atención sobre este fenómeno periódico, que, si no estamos equivocados en los cálculos, pudo muy bien darse en los años 6/7 antes de nuestra era, es decir, en los que la investigación muestra que nació Jesús.

Bibliografía: A. Puig, Jesús. Una biografía, Destino, Barcelona 2005; S. Muñoz Iglesias, Los evangelios de la infancia. IV, BAC, Madrid 1990; J. Danielou, Los evangelios de la infancia, Herder, Barcelona 1969

viernes, 2 de octubre de 2009

¿Qué sabemos realmente de Jesús? 7.10.2009



De Jesús de Nazaret tenemos más y mejor información que de la mayoría de los personajes de su tiempo. Disponemos de todo lo que los testigos de su vida y de su muerte nos han transmitido: tradiciones orales y escritas sobre su persona, entre las que destacan los cuatro evangelios, que han sido transmitidas en la realidad de la comunidad de fe viva que él estableció y que continúa hasta hoy. Esta comunidad es la Iglesia, compuesta por millones de seguidores de Jesús a lo largo de la historia, que le han conocido por los datos que ininterrumpidamente les trasmitieron los primeros discípulos. Los datos que hay en los evangelios apócrifos y otras referencias extrabíblicas no aportan nada sustancial a la información que nos ofrecen los evangelios canónicos, tal como han sido trasmitidos por la Iglesia.

Hasta la Ilustración, creyentes y no creyentes estaban persuadidos de que lo que podíamos conocer sobre Jesús se contenía en los evangelios. Sin embargo, por ser relatos escritos desde la fe, algunos historiadores del siglo XIX cuestionaron la objetividad de sus contenidos. Para estos estudiosos, los relatos evangélicos eran poco creíbles porque no contenían lo que Jesús hizo y dijo, sino lo que creían los seguidores de Jesús unos años después de su muerte. Como consecuencia, durante las décadas siguientes y hasta mediados del siglo XX se cuestionó la veracidad de los
evangelios y se llegó a afirmar que de Jesús “no podemos saber casi nada” (Bultmann).

De Jesús de Nazaret tenemos más y mejor información que de la mayoría de los personajes de su tiempo Hoy en día, con el desarrollo de la ciencia histórica,
los avances arqueológicos, y nuestro mayor y mejor conocimiento de las fuentes antiguas, se puede afirmar con palabras de un conocido especialista del mundo
judío del siglo I d.C. —a quien no se puede tachar precisamente de conservador—
que “podemos saber mucho de Jesús” (Sanders). Por ejemplo, este mismo autor señala “ocho hechos incuestionables”, desde el punto de vista histórico, sobre la vida de Jesús y los orígenes cristianos:
1) Jesús fue bautizado por Juan Bautista;
2) era un Galileo que predicó y realizó curaciones;
3) llamó a discípulos y habló de que eran doce; 4) limitó su actividad a Israel;
5) mantuvo una controversia sobre el papel del templo;
6) fue crucificado fuera de Jerusalén por las autoridades romanas;
7) tras la muerte de Jesús, sus seguidores continuaron formando un movimiento identificable;
8)al menos algunos judíos persiguieron a ciertos grupos del nuevo movimiento (Ga 1,13.22; Flp 3,6) y, al parecer, esta persecución duró como mínimo hasta un
tiempo cercano al final del ministerio de Pablo (2 Co 11,24; Ga 5,11; 6,12; cf. Mt 23,34; 10,17).
Sobre esta base mínima en la que los historiadores están de acuerdo se pueden determinar como fidedignos desde el punto de vista histórico los otros datos contenidos en los evangelios. La aplicación de los criterios de historicidad sobre estos datos permite establecer el grado de coherencia y probabilidad de las
afirmaciones evangélicas, y que lo que se contiene en esos relatos es sustancialmente cierto.

Sobre esta base mínima en la que los historiadores están de acuerdo se pueden
determinar como fidedignos desde el punto de vista histórico los otros datos
contenidos en los evangelios.
Por último, conviene recordar que lo que sabemos de Jesús es fiable y creíble porque los testigos son dignos de credibilidad y porque la tradición es crítica consigo misma. Además, lo que la tradición nos trasmite resiste el análisis de la crítica histórica. Es cierto que de las muchas cosas que se nos han trasmitido sólo algunas pueden ser demostrables por los métodos empleados por los historiadores. Sin
embargo, esto no significa que las no demostrables por estos métodos no sucedieran, sino que sólo podemos aportar datos sobre su mayor o menor probabilidad. Y no olvidemos, por otra parte, que la probabilidad no es determinante. Hay sucesos muy poco probables que han sucedido históricamente. Lo que sin duda es verdad es que los datos evangélicos son razonables y coherentes con los datos demostrables. En cualquier caso, es la tradición de la Iglesia, en la que estos escritos nacieron, la que nos da garantías de su fiabilidad y la que nos dice cómo interpretarlos.

BIBLIOGRAFÍA: A. VARGAS MACHUCA, El Jesús histórico. Un recorrido por la investigación moderna, Universidad Pontifica de Comillas, Madrid 2004; J.
GNILKA, Jesús von Nazareth. Botschaft und Geschichte, Herder, Freiburg 1990 (ed. esp. Jesús de Nazaret, Herder, Barcelona 1993); R. LATOURELLE, A
Jesús el Cristo por los Evangelios. Historia y hermenéutica, Sígueme, Salamanca 21986; F.
LAMBIASI, L’autenticità storica dei vangeli. Studio di criteriologia,: EDB, Bologna 21986.
© www.opusdei.org –
Textos elaborados por un equipo de profesores de Teología de la Universidad de Navarra dirigidos por Francisco Varo.

jueves, 1 de octubre de 2009

Dios Padre- Amor -Amante * 07.10.-2009


En el número anterior reflexionaba sobre el “analfabetismo trinitario” de nuestra vivencia de fe. Para contrarrestarlo habrá que decir algo sobre las Personas de la Trinidad. Me parece que una afirmación que ayuda a sentar las bases para empezar a comprender esta realidad es la siguiente: el Padre es el Padre porque no es ni el Hijo ni el Espíritu Santo; el Hijo es Hijo porque no es ni el Padre ni el Espíritu Santo; y el Espíritu Santo es Espíritu Santo porque no es ni el Padre ni el Hijo. Es una formulación que puede resultar divertida por lo evidente que es y porque parece un juego de palabras, pero tiene la virtud de dejarnos muy en claro que son tres personas porque son distintas entre sí y esto significa que cada una tendrá sus propias características específicas. En esta ocasión el tema es Dios Padre.

Que Dios es Trinidad lo sabemos por la revelación del Nuevo Testamento: Jesús nos revela las tres Personas Divinas. Y es evidente que la revelación de que Dios es Padre va de la mano con la revelación de que tiene un Hijo porque lo que a uno lo convierte en padre es tener hijo(s). El Padre es Padre no por ser creador sino porque tiene un Hijo (y el Hijo por unido que esté al Padre no es el Padre). Tal es el tema central del Nuevo Testamento en cuanto que el Hijo de Dios es el que se ha encarnado o “humanado” en Jesús de Nazaret, como lo expresa bellamente el prólogo del evangelio de Juan (1,1-18).

La Trinidad se reveló especialmente en el acontecimiento pascual. En éste el Padre es quien entrega al Hijo por amor al mundo (ver Jn 3,16; Rom 8,32; etc.) y quien lo resucitó, dándole a él y en él a los pecadores y alejados el Espíritu de reconciliación y de vida (ver Hech 2,24; Rom 1,4; 5,8; Ef 2,4-6; Col 2,13).

Entre Jesús y su Padre se da una relación de pertenencia recíproca (Jn 17,10: “Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío”) y de inmanencia o de inhabitación mutua (Jn 10,38: “El Padre está en mí y yo estoy en el Padre”).

En el Nuevo Testamento en la casi totalidad de los casos en que aparece la palabra “Dios” designa al “Padre”. En el plan de salvación al Padre le corresponde siempre la iniciativa del amor. El Padre es amor fontal: es la fuente de donde brota el amor. El Padre es el principio, la fuente y el origen de la vida divina. Su propiedad característica es que es no-engendrado. Él es principio en cuanto que es Aquel de quien todo procede. El Padre es el eterno Amante. Es ese fluir del amor amante el que genera al Hijo, el que lo hace ser Padre del Hijo eterno. En el amor, el Padre sale de sí para engendrar al Amado.

Ahora bien, para nosotros los creyentes el punto de partida para hacer la experiencia de Dios Padre es la vida de Jesús, la relación de Jesús con su Padre, puesto que él es el único y verdadero Hijo. Pero el Padre se nos da en Jesús y, a la vez, Jesús nos regala a su Padre. El centro de la vida de Jesús fue la predicación del Reinado de Dios y el gran secreto de ese Reinado es que en él no hay un Rey sino un Padre caracterizado por su amor misericordioso. La aceptación de Dios como Padre se expresa en una determinada conducta: el amor fraternal entre los que tenemos la conciencia real de tener un Padre común.

Ser hecho a imagen y semejanza de Dios Padre significa vivir amando, creando, perdonando, dando vida, cuidándola y protegiéndola con solicitud, en especial en las situaciones en que se encuentra en peligro de extinguirse: “El que no ama, no ha conocido a Dios (al Padre), porque Dios es amor… El que está en el amor permanece en Dios y Dios permanece en él” (1Jn 4,8.16).

Analfabetismo Trinitario




En nuestros tiempos dominados por la informática e internet ha surgido la expresión “analfabetismo digital” para referirse a quienes desconocen las destrezas básicas que permiten moverse en este ámbito. Ésta me parece una excelente imagen para ilustrar el desconocimiento que existe entre nosotros, los creyentes, sobre algo tan esencial a nuestra fe como es la Trinidad. Lo más propio y característico de la fe cristiana es creer en un Dios que es Tres Personas. Esto es lo que nos distingue del judaísmo, por ejemplo, y de todas las demás religiones. Nuestra fe la podemos describir como un monoteísmo trinitario.
Lamentablemente, en la práctica nuestra conciencia creyente no es trinitaria. La Trinidad no tiene resonancia en nuestra vida de fe. En la conciencia de gran parte de los fieles de la Iglesia predomina un monoteísmo sin la Trinidad más que una conciencia trinitaria de Dios. Con frecuencia, incluso varias veces al día, nos persignamos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, pero no sabemos qué pueda significar esto. Se sigue repitiendo que la “Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo… Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina” (Catecismo de la Iglesia Católica, artículo 234), pero no es la verdad principal en la convicción de la mayor parte de los creyentes: esto es lo que he llamado “analfabetismo trinitario”.
El clasificar a los seres humanos en ateos y creyentes es una pobre clasificación, pues hay varias maneras de no creer y muchas de creer. Para el cristiano no es suficiente acoger la existencia de Dios, sino que debe preguntarse cómo vive Dios, cómo es. Y aquí se inserta el fundamento de nuestra fe: creemos en un Dios único que no es soledad sino comunión de Personas Divinas.
Creer en la Trinidad significa que en la raíz de todo lo que existe hay un movimiento de amor porque la Trinidad es una dinámica constante y eterna de comunión en el amor de los divinos Tres. Cada uno de ellos está completamente volcado en los otros: cada persona divina sale de sí misma y se entrega completamente a las otras dos sin dejar de ser ella misma, es decir, está completamente presente en las otras dos sin perder su propia identidad. Esto es Dios en sí mismo. Pero así como cada persona divina sale de sí, la Trinidad en su conjunto también sale de sí dando origen a la creación. La dinámica perfecta y eterna de comunión en el amor se desborda, se derrama, surgiendo la creación como producto de ese desborde. Nuestro origen se encuentra en la sobreabundancia del amor trinitario. Y nuestro destino es participar eternamente de esa vida divina: “El fin último de toda la economía divina (plan divino) es la entrada de las criaturas en la unidad perfecta de la Bienaventurada Trinidad” (Catec. Ig. Cat., artículo 260). A esto es lo que se le llama “salvación”.
Para terminar, algunas consecuencias prácticas para nuestra vida:
a) si somos hechos a imagen y semejanza de un Dios Trino significa que por naturaleza somos seres sociales, comunitarios, referidos a los demás;
b) la Trinidad nos muestra la riqueza de la diversidad, por una parte, y la unidad en el amor, por otra. Unidad no es uniformidad, le pese a quien le pese, sino comunión en la diversidad;
c) la Trinidad es el modelo a seguir para cualquier tipo de comunidad humana (familia, sociedad, congregación religiosa, iglesia, etc.) especialmente por esa característica de conformar una unidad sin anular las propias identidades.
El conocimiento de la Trinidad es indispensable para la profundización y maduración de la fe cristiana. Y ese conocimiento consiste en la progresiva apropiación y comprensión del saludo con que se inicia prácticamente cada misa: “La gracia de Jesucristo, el Señor, el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2Co 13,13).

Santa Teresita del Niño Jesús * 1 de octubre


Santa Teresita del Niño Jesús
Virgen y Doctora de la Iglesia de Nuestra Orden.
Celebración: 1º de Octubre.

Nace en Alençon (Normandía-Francia) e l 2 de enero de 1873, entró en el Carmelo de Lisieux a los 15 años el 9 de abril de 1888, y muere de tuberculosis, el 30 de septiembre de 1897 en Lisieux, a los 24 años.

En sus cartas, obras de teatro y, sobre todo, en su autobiografía, titulada Historia de un Alma, nos ha dejado el testimonio espiritual de su vida de fe y abandono en Dios Padre en medio de las pruebas, enfermedades y sufrimientos.
He hallado mi propio lugar en la Iglesia escribió-, en el corazón de la Iglesia mi madre, yo seré el amor. Comprendiendo que el amor de Dios no era correspondido por el hombre, se ofreció a sí misma como víctima al Amor misericordioso de Dios.
Cercana a su muerte las oscuras tinieblas de la fe invadieron su alma, ofreciéndose por la Iglesia, por los sacerdotes y por las misiones.
El Papa Pío XI, la beatificó el 29 de abril de 1923, y, la canonizó el 17 de mayo de 1925, también, la declaró Patrona de las Misiones Católicas en la misma línea que San Francisco Javier, el 14 de diciembre de 1927.
El pueblo de Dios quiso construir en Lisieux, una Basílica dedicada a propagar la doctrina y espiritualidad de la gran santa de los tiempos modernos, fue inaugurada el 11 de julio de 1937. Finalmente, el 19 de Octubre de 1997, en el día mundial de las Misiones, el Papa Juan Pablo II, la declaró, Doctora de la Iglesia.
DOCTRINA DE TERESITA DEL NIÑO JESUS.
Mi vocación. El Amor:
¡Ah, perdóname, Jesús, si desvarío al exponer mis deseos, mis esperanzas, que rayan en lo infinito! Perdóname, ¡¡¡ y cura mi alma dándole todo lo que espera !!!...
Ser tu esposa, ¡oh, Jesús!, ser carmelita, ser por mi unión contigo madre de las almas, debería bastarme... No es así... Ciertamente, estos tres privilegios constituyen mi vocación: Carmelita, Esposa y Madre.
Sin embargo, siento en mí otras vocaciones: Siento la vocación de GUERRERO, de SACERDOTE, de APÓSTOL, de DOCTOR, de MÁRTIR. Siento, en una palabra, la necesidad, el deseo de realizar por ti, Jesús, las más heroicas acciones...
Siento en mi alma el valor de un cruzado, de un zuavo pontificio. Quisiera morir sobre un campo de batalla por la defensa de la Iglesia...
Siento en mí la vocación de SACERDOTE. ¡Con qué amor, oh, Jesús, te llevaría en mis manos cuando, al conjuro de mi voz, bajaras del cielo!... ¡Con qué amor te daría a las almas!... Pero, ¡ay! Aun deseando ser sacerdote, admiro y envidio la humildad de san Francisco de Asís, y si siento la vocación de imitarle rehusando la sublime dignidad del sacerdocio.
¡Oh, Jesús, amor mío, vida mía!... ¿Cómo hermanar estos contrastes? ¿Cómo realizar los deseos de mi pobrecita alma?...
¡Ah! A pesar de mi pequeñez, quisiera iluminar a las almas, como los profetas, los doctores.

Tengo la vocación de apóstol... Quisiera recorrer la tierra, predicar tu nombre, y plantar sobre el suelo infiel tu Cruz gloriosa. Pero ¡oh, Amado mío!, una sola misión no me bastaría. Desearía anunciar al mismo tiempo el Evangelio en las cinco partes del mundo, y hasta en las islas más remotas...
Quisiera ser misionero, no solo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo y seguir siéndolo hasta la consumación de los siglos...
Pero desearía, sobre todo, ¡oh, amadísimo Salvador mío!, derramar por ti hasta la última gota de mi sangre...